Alberto Pelegrín -amigo y miembro de nuestra redacción- en los textos y Raquel Castán -amiga y miembro de nuestra Huesca Conexion particular- en las imágenes crean un poemario ilustrado que recoge experiencias del autor con la Copa del Mundo de Baloncesto   2014 como telón de fondo. Son ejemplares únicos, de portadas pintadas sobre cartón reciclado y en ediciones limitadas.

En el verano 2014, Alberto fue uno de los coordinadores de voluntariado internacional en la Copa del Mundo de Baloncesto FIBA celebrada en nuestro país. Pasó dos meses trabajando entre Alcobendas, Madrid y Sevilla. Se fue silbando, con una maleta medio vacía y con el encargo de escribir un poemario sobre esta experiencia, describiendo el paisaje urbano, humano y sentimental que le acompañó por estas ciudades.

Ahora, aquí está Signore portami vía, traducción libre al italiano de la popular expresión “Señor, llévame pronto”. Frase que tantas veces repitió, según cuenta, en el transcurrir de esos dos meses. Algo que nos da una idea del carácter de la experiencia y del sentido de humor de este monegrino al que de no haber sido griego, le hubiese encantado ser italiano.

raquelyalberto
Raquel y Alberto

Es un texto divertido, inteligente, fresco y ágil. Pelegrín pasa por su filtro personal ingredientes como conversaciones, frases oídas, comentarios cazados al vuelo y los inserta en sus poemas, sorprendiéndonos con su frescura. Se atreve con extranjerismos, mezcla modernidad con ruralismo, ecléctico e iconoclasta, haciendo referencias a una generación que, como el poemario, no es tal.

Se completa en la parte visual con imágenes de Raquel Castán, que con técnicas de grabado y collage pone imagen a estas pequeñas obras de arte minucioso que son los libros cartoneros. Un trabajo elaborado durante meses en el taller de la diseñadora oscense Vicky de Sus, que hace de cada uno de ellos un objeto único.

Con Signore, portami via la editorial zaragozana Cartonerita Niña Bonita rebasa ya el centenar de títulos. Un modelo de edición precedido de un gran éxito y sobre todo, de una nueva afición de bibliófilos cartoneros. Para quien no conozca el proyecto, los ‘libros cartoneros’ son publicaciones de bajo coste, que empezaron a producirse en Argentina durante la crisis económica de 2003. Allí un grupo de intelectuales de Buenos Aires se inventaron Eloísa Cartonera, una editorial que hacía libros con tapas de cartón pintadas por una cooperativa del barrio de la Boca, porque el proyecto tenía también una vertiente de integración en una zona marginal. Son libros muy especiales, imperfectos y únicos. Pronto la idea se extendió a otros países y llegó al nuestro de la mano del polifacético creador David Liquen, quien se alió con Sara López, una diseñadora gráfica, para fundar Cartonerita Niña Bonita.

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