James Rhodes. Teatro Olimpia. Huesca.

Foto: Kate Baker.
Foto: Kate Baker.

Uno de los artistas del momento pasó ayer por Huesca. El pianista James Rhodes, de gira por nuestro país, actúo ante un público entregado desde el mismo momento que pisó el escenario con su uniforme de zapatillas, vaqueros y camiseta. Un publico diverso en edad y clase, con amplia presencia de visitantes zaragozanos, como no se veía desde que Periferias era un espejismo de vanguardia y pacientemente hacíamos cola antes de la apertura del concierto de Matthew Herbert en el Jai-Alai o el de Antony and The Johnsons en el antiguo cine Avenida.

James Rodhes en el Teatro Olimpia -muy al fondo-.
James Rodhes en el Teatro Olimpia -no sólo porque lo pone proyectado en la pared, damos fe de ello-.

En casos como este es difícil de separar el fenómeno editorial (sexta edición en Blackie Books de su escabrosa autobiografía y reseñas en todos los dominicales patrios), del mérito como concertista clásico, pero nadie le puede negar a este londinense haber traído un aire fresco al mundo de la música clásica. Lo extraño es que lo que hace Mr. James Rhodes sea una rareza, cuando debería de ser de lo más habitual. Salir al escenario sin pose ni artificio y además de tocar… hablar. Este es uno de los puntos fuertes del recital y seguro sorprenderá al que no sepa nada de la carrera del intérprete. Micro en mano se dedica a explicar que significa para él esa canción, dar algunas pinceladas del compositor, de su obra, dejar alguna anécdota personal o bien conectar el tema con alguna situación de actualidad. Todo salpicado de ironía, humor británico y cierto rubor desgarbado.

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James Rhodes hablando con el público del Teatro Olimpia.

En el repertorio piezas de Bach, Chopin, Gluck… pero claro no puede uno comentar mucho de esto, porque aunque la ignorancia es atrevida, también es bueno reconocer mis grandes limitaciones en el campo de la música clásica. No falto “La Chacona” pieza que en el libro tiene un significado especial y que en el recital hizo la función de autentico rompepistas (eche de menos que alguien del público levantase uno de esos cartones con la palabra “Temazo”). Un concierto algo escaso de minutaje pero que hábilmente se complementa con la firma de libros, cd’s y dvd’s en la puerta del teatro. Cuanto nos queda aprender del marketing de los ingleses. Y también nos queda felicitar al Teatro Olimpia que con este acto cerraba su 90 aniversario. Un Teatro que parece definitivamente dispuesto a ser el transatlántico de la cultura en Huesca, un año en el que ha vuelto a ser sede del recuperado Cine-Club, del Festival de Cine y que ha tenido sobre sus tablas algunas de las obras nacionales más reconocidas, Reykiavik, La Piedra Oscura y conciertos como el de ayer o el que en diciembre dio Nacho Vegas.

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