Antonella Montinaro y Juan José Moya comisarían una exposición que va más allá del propio género fotográfico y pone de manifiesto la relación entre el músico y el instrumento: mitos, experiencias, supersticiones… La lealtad hacia un instrumento que debe ser protegido y mimado, en el que confían ciegamente y con el único al que le sacan el sonido que ellos desean.

Parece ser que Pat Graham lo tuvo claro desde el principio porque lo primero que fotografió para su libro fueron las pastilla de la SG de Ian Mackaye.  Pero su especialidad en el mundo del rock nace en los años ochenta, cuando en Washington D.C. el punk estaba experimentando una transformación de la que fue testigo de primera mano siendo todavía un adolescente. Lo vivió desde dentro a principio de los años noventa tras mudarse a la ciudad, siendo testigo de toda la música underground y empezando a ir de gira con los varios grupos. Con su trabajo contribuyó a documentar una de las subculturas más influyentes de los EEUU.

Guitarra Fender Jazzmaster de 1961. Thurston Moore (Sonic Youth).
Guitarra Fender Jazzmaster de 1961. Thurston Moore (Sonic Youth).

Inevitablemente de la misma manera en la que los artistas van desplazándose con sus instrumentos, Pat Graham no deja de llevar su cámara a todas partes y quizás por ello entiende perfectamente esta relación. Se trata de una relación intensa, hecha de anécdotas, momentos inolvidables y canciones únicas, momentos que se quedan parados para siempre en el disparo del fotógrafo, que es al mismo tiempo amigo y compañero de viaje. Imágenes que dejan constancia en nuestra memoria del paso del tiempo a través del desgaste del instrumento.

Guitarra Vox Phantom de Ian Curtis (Joy Division).
Guitarra Vox Phantom de Ian Curtis (Joy Division).

A Ian Curtis, cantante de Joy Division, no le gustaba nada tocar la guitarra y, además, no tenía ni idea, solo sabía tocar un par de acordes. Tras su suicidio, en mayo de 1980, el grupo que emergió de las cenizas de Joy Division, New Order, heredó su guitarra Vox Phantom VI. Wayne Coyne (Flaming Lips) adaptó en el interior de una vieja guitarra acústica de 12 cuerdas, un sintetizador Alesis AirSynth que detecta el movimiento de las manos y lo traduce en sonidos. Su característico estilo carnavalesco

Guitarra acústica de 12 cuerdas de Wayne Coyne (Flaming Lips).
Guitarra acústica de 12 cuerdas de Wayne Coyne (Flaming Lips).

es rematado con un viejo teléfono móvil también pegado a la guitarra. Steve Albini, guitarrista de Shellac y productor de bandas como Nirvana o Pixies, siempre se decantó por las Travis Bean TB500, modelo que probó en una tienda cuando era adolescente y que no paró de buscar hasta que encontró una de segunda mano a través de un coleccionista.

Además de esa aura “rockstar” o ese fetichismo que podrían poseer algunos fans hacia los secretos de los instrumentos de sus músicos favoritos, que en ciertos casos son únicos o tuneados, Graham persigue el ritual mágico y religioso de cada sesión, la verdadera esencia de la imagen fotográfica. Sus fotografías han sido utilizadas en algunas de las principales portadas internacionales de prensa musical especializada, es muy complicado diferenciar si se trata de fotografía publicitaria, artística o documental, ya que los límites son muy sutiles.

La exposición estará en el Centro de Historias hasta el 21 de agosto.

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